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“Un mundo, que se destruye así mismo,
Montaña tan elevada como la riqueza Mantuana.Entre la quietud y la calma se halla la espigada dama encumbrada.A tu altura yo estimo
Tu elegante vestido esponjado, con armadores de arboles punteado;
Con el rostro engreído ante tu virginidad aun conservada mimas
Tus pies van despacio siguiéndole el rítmico paso al río que los ornamenta de blanco con piedra, arenas arremolinadas, coronandote de Cielo las ordenadas nubes con sus blancas espumas configuradas
Piquitos de tierra trabajados, piquitos de amor de los conquistadores, las rendijitas incisivas de frío, rendijitas de calor, e hilo en sigilo por el humo extendido conspirando futuro para ti, para el asentamiento de Merida sus”palcos” aledaños. Un sincero homenaje de productiva
Permitidas incisiones para que inhalen Merida en sus próximas generaciones, aliento de vida con los tibiecitos besos del ardiente sol, Igualmente vistiéndote con clase con tu trenzado peinado por amor arrebatador. Esa es la erecta provocadora majestuosidad, del indio enamorado (*)
Belleza natural embarazada con el hálito del amor Verdadero, enardecido. Postrimerías para las generaciones futuras, los hijos
(1) Leyenda de la cara del indio.
La Montaña Escalada
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