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“Siempre hay un momento, en la infancia,
Tu Eres mi Escondite y mi Escudo,
Preñada la mente esta de imágenes y los recuerdos de una niña que figuro siempre en las escenas de la vida. Las bridas nunca aceptó para los padres nada sencillo lo fue, muy impetuosa, desafiante, decidida
La niña sube a la escena: Lejano el tiempo está pero muy cerca de los fructuosos recuerdos: Un polvoriento corredor de tierra con banquetas,
Encanto y felicidad muestran sus mejillas, se las acarician con las manitas de la niña. El paisaje de la escena nitidez también lo tiene: un verde oloroso jardín silvestre entorna la casa con los bajos horcones
Una hermosa mata de hortensia decorando la sobria expectante naturaleza con sus morados blancos matices flanqueando, una de las esquinas del corredor de la casa con sus ahuecados pisos de tierra que bien enmarcada dejó a esa época con las prístinas raíces en la cima
Deslumbrados ante las visibles encomiables bellezas naturales, tan solo distantes ellas a unos poquísimos palmos de nuestras manos, para poderla disfrutar.¿arboles cortar? solamente para hacer los caballitos de juguete, aprendiendo sí de los animales que nos acostumbraron
En un colonial poblado andino, un caserío enclavado entre las altas montañas con las viviendas de bahareques por los “oscilantes” fragosos caminos de piedras, abundantes cristalinos espejos en los nacientes pequeños canalizados manantiales de agua.
El padre de la niña se expresa: durante el acontecer de la diaria
Para la niña traviesa, el desafío siempre anduvo en la antesala de sus puertas…¿darse por vencida? nunca fue su débil fortaleza.Trepando
La residente estancia en el colonial pueblo nada diferente fue, el desafío siempre estuvo presente. En la madurez también cruzo el puente de lo desconocido, no le detuvo su fuelle.
Hoy esa niña traviesa de aquellos lejanos tiempos es una adulta con mucho temple; un rayo que agotó para entonces los contratiempos, tan solo queda encontrarnos con el Escudo que nos protega, que nos Oriente, por lo que aun pueda quedarnos de tiempo, en el que alguna vez en el Tiempo de Dios Padre, decidió El, que heredáramos desde los Ancestros Su misma Simiente.
*1.Stephen Covey: Los siete Hábitos
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